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Una de tus fuentes de información falsa … ¡Eres tú!

por | 14 Sep, 2022

Es más que evidente que la distribución y consumo de información falsa ha ido creciendo en los últimos años. Las informaciones falsas y los bulos no son algo nuevo. Siempre han existido, la cuestión es que actualmente su distribución es masiva gracias a Internet y al uso de las redes sociales. En este sentido, las redes se han posicionado de modo que ahora influyen altamente en la conversación pública, actuando en una especie de simbiosis con los medios de comunicación, que extraen de aquellas notas, videos, contenidos y declaraciones de líderes políticos y personajes públicos.

La cantidad de información que recibimos diariamente es abrumadora, y en ella las fake news y los datos erróneos, confusos, segados o completamente falsos forman parte de ella en una proporción cada vez mayor. Y no solamente llegan por las aplicaciones sociales, también por los medios tradicionales; al menos así se percibe por parte de la población. Por ejemplo, los datos de un reciente estudio muestran que un elevado porcentaje de personas creen que los medios publican noticias falsas, bien de forma regular (18%) u ocasionalmente (46%) [1]

Parece que la empresa consultora Gartner no andaba descaminada cuando estimó, en su informe sobre las principales predicciones estratégicas (2017), que para 2022 la mayor parte de la ciudadanía de las economías avanzadas accederían a más información falsa que verdadera.

Aunque tampoco es cuestión de generalizar y hacer caso a aquella información falsa de que, según “un informe” de la Universidad de Oxford, los medios españoles son los menos fiables de Europa. Esto está desmentido y demuestra hasta qué punto se puede viralizar una falsedad.

Tú puedes ser tu propia fuente de información falsa

Si no has escuchado muchas veces que la ocupación de viviendas es un grave problema, y que puedes llegar a casa encontrándote con que otra gente, de la que te será muy difícil librarte, se ha ido a vivir allí, es que no vives en España.

El bombardeo de datos sobre denuncias, de imágenes indignantes de personas ancianas a las que han desposeído de su hogar vía okupación y de publicidad de empresas que quieren venderte una alarma que “evita la ocupación en tu vivienda”, es continuo. A pesar de que obvian que no es lo mismo “usurpación de vivienda” que “allanamiento”; porque los allanamientos se refieren a las ocupaciones ilegales de hogares, sean estos de primera o de segunda vivienda, y que “las estadísticas muestran menos allanamientos de morada que antes y lo que crecen son las ocupaciones de casas donde no vive nadie”.

Sin embargo, es muy posible que, ante la exposición a determinados mensajes apoyados en datos incorrectos, sesgados o falsos, se instale en ti el marco mental de que realmente puedes encontrar tu casa okupada al volver de las vacaciones (o de dónde sea) y no poder expulsar a los improvisados inquilinos.

Una vez instalada esa creencia, no es extraño que reproduzcas mensaje y datos, aunque estos no sean congruentes con la realidad. Es más, el esquema de “verdaderamente puedo encontrarme mi casa ocupada” hará que filtres la información, de forma que apoyes esa creencia, ignores la que es contradictoria y te expongas a la que sí es consistente con ella. Es decir, puedes actuar como fuente de desinformación para ti y para los demás.

Y las creencias erróneas sobre estadísticas y datos en general influirán en tus actitudes y opiniones. Así, posiblemente pienses que estás desprotegido y que el gobierno no actúa dando una solución legislativa sobre el tema; a pesar de que la solución ya exista, como dejan muy claro este juez, este y este otro.

Tenemos así una creencia fuertemente instalada basada en datos falsos, por lo que no debería ser difícil desmontarla atendiendo a informaciones veraces de fuentes fidedignas. Pero, al parecer, no es tan sencillo. Veamos al respecto los resultados de un estudio.

Generación y difusión de información falsa

Coronel, Poulsen y Sweitzer[2] se propusieron analizar cómo las personas se desinforman sobre datos numéricos relevantes. Más concretamente, se centraron en casos en los que los individuos se exponen a información numérica veraz, pero sus esquemas cognitivos sobre el mundo y determinados aspectos de este provocan que la información se mal interprete.

Primer estudio

En primer lugar, examinaron en qué grado los esquemas pueden mejorar o inhibir la capacidad de las personas para recordar con precisión la información numérica. Para este fin, presentaron a 110 participantes breves descripciones escritas con datos sobre diversos problemas sociales.

Uno de ellos se refería a la inmigración mexicana en Estados Unidos. En este asunto, las cifras reales no coinciden con la percepción que tiene la mayoría de los estadounidenses. Generalmente, se cree que la inmigración mexicana aumentó entre 2007 y 2014. No obstante, los datos reales indican que el número de inmigrantes mexicanos se redujo de 12’8 millones en 2007 a 11’7 en 2014. Haciendo cuentas, esto supuso una variación porcentual de -8,6%.

A los participantes se les presentó información general sobre el tema, junto con la información numérica citada. Más adelante, se les pidió que recuperaran los datos, encontrando que era más probable que recordaran los números según sus creencias. Generaban así su propia información falsa.

Es decir, los sujetos con la creencia de que la inmigración se había reducido tendían a recordar bien las cifras; por el contrario, quienes tenían interiorizado el esquema “aumento de la inmigración mexicana”, se inclinaban a recordar mal los números haciendo que coincidieran con sus creencias previas. Incluso hubo casos de participantes que recordaron exactamente el dato numérico, aunque a la inversa: 11’7 millones en 2007 y 12’8 millones para 2014.

Una posible explicación es que no se atiende bien a aquella información inconsistente con nuestros esquemas. De hecho, la homeostasis, que es la predisposición de un sistema a mantener el equilibrio, también funciona en nuestro sistema de creencias, de modo que tendemos a preservarlo ante estímulos (información) que, de un modo u otro, amenazan su estabilidad.

Con el objetivo de dilucidar esa posibilidad (no atender a datos inconsistentes con los esquemas mentales preexistentes), los investigadores decidieron hacer un “seguimiento ocular” que permitiera detectar hacia dónde dirigían la vista los sujetos mientras examinaban los datos en una pantalla de ordenador.

Ilustración del dispositivo utilizado para facilitar el seguimiento ocular
Ilustración del dispositivo utilizado para facilitar el seguimiento ocular (Coronel, Poulsen y Sweitzer; 2019)

Sin embargo, encontraron que los sujetos observaban los datos normalmente si estos coincidían con su creencia, pero si no coincidían (pensaban que la inmigración había aumentado) revisaban una y otra vez las cifras. Es decir, aunque prestaban más atención a los números, tendían a olvidarlos o tergiversarlos para ajustarlos a sus ideas preconcebidas.

Segundo estudio

En un segundo estudio, utilizaron el paradigma de reproducción en serie; seguro que te será familiar por el clásico juego del teléfono. En este procedimiento, una información se reproduce a lo largo de una cadena de personas. La primera, recibe una información original que debe reproducirla a otro individuo que, a su vez, recibe la información reproduciéndola nuevamente a otra persona. El proceso continúa sucesivamente, resultando en una distorsión de la información original.

Y comprobaron que la distorsión de la memoria se amplificaba. Así, la primera persona expresó información falsa, cambiando los datos y trasladando a la siguiente que la inmigración aumentó en 900.000 personas desde 2007 a 2014. La segunda hizo lo propio. La última de la cadena elevó la cifra ¡a 4,6 millones más de inmigrantes!

Algunas conclusiones

Esta investigación muestra que las personas tendemos a recordar mal la información para hacerla consistente con nuestros esquemas. Además, estos errores pueden maximizarse en la transmisión persona a persona. De hecho, a medida que el número de personas que forman la cadena de transmisión es mayor, la información numérica inconsistente con sus esquemas tiene más probabilidad de transformarse, haciendo que los datos encajen con las ideas preconcebidas.

En este sentido, asumamos el papel que esta tendencia a la distorsión tiene en el mantenimiento de las creencias y la dificultad que entraña cambiarlas, aunque se suministren datos que estén en flagrante contradicción con ellas. Es aquello de que, en caso de contradicción entre los hechos y el marco, aceptamos el marco y rechazamos los hechos.

Esta es la realidad y, nos guste más o menos, es lo que hay. Sin embargo, sí es posible favorecer la aceptación de los hechos y la asimilación y acomodación de nuevas ideas que se integren en el sistema de creencias. Aunque no siempre será posible; basta con que observemos alrededor o pensemos en nuestra propia experiencia con fuentes externas de desinformación, o con nosotros mismos.

No obstante, parece claro que aumentar la atención de las personas a la información disruptiva con sus esquemas no necesariamente conduce a un mejor recuerdo. Sin embargo, está ampliamente demostrado que la información gráfica puede aumentar la capacidad de recordar con precisión los datos. Tendríamos aquí una primera acción para mejorar el traslado y reproducción de información veraz.

De otro lado, la presentación de datos puede aludir a una fuente creíble para el receptor del mensaje, o al menos que este considere neutral. De esta forma puede reducirse la inclinación a la contraargumentación cuando estamos ante cifras que contradicen nuestras opiniones.

También, cuando nos dirigimos a una audiencia, podemos utilizar la refutación de las informaciones contrarias y sesgadas. Esta actuaría como una estrategia para prevenir que surtan efecto en el futuro y debiliten el recuerdo de datos veraces. Por ejemplo, puedo avisar a mis interlocutores sobre determinados datos o “estadísticas” que no tienen solidez o que no están fundamentadas.

En cualquier caso, siempre vamos a tener presente el razonamiento motivado. Este nos hace procesar sesgadamente la información, para preservar nuestras creencias previas sobre un asunto, y que nos puede situar a nosotros mismos como fuente interna de desinformación.

Cómo citar este artículo:

Talavera, C. (2022, 14 de septiembre). Una de tus fuentes de información falsa… ¡Eres tú! Persuadir e Informar. Consultado el __de ___________de 20__ en https://www.presentacionespublicas.com/una-de-tus-fuentes-de-informacion-falsa-eres-tu/


[1] Masip, P., Suau, J. y Ruiz-Caballero, C. (2020). Percepciones sobre medios de comunicación y desinformación: ideología y polarización en el sistema mediático español. Profesional de la información, v. 29, n. 5, e290527

[2] Coronel, J., Poulsen, S. y Sweitzer, M. (2019). Investigating the Generation and Spread of Numerical Misinformation: A Combined Eye Movement Monitoring and Social Transmission Approach. Human Communication Research. Vol. 46.

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